¡bienvenidas todas aquellas que estáis cansadas de intentar contentar a todo el mundo (y no conseguirlo con, prácticamente, nadie!)
No tienes por qué ser como quería tu padre ni como dicen en las revistas...
Si aún piensas que tienes que ser abogada, como tu padre, o vivir en las afueras, como la tía Rita... piénsalo dos veces. ¿Es tu vida de la que hablamos?
Rosa María Gil Sánchez
2/24/2026


Lo entiendo, porque he estado ahí. Te pasas la mayor parte de tu infancia admirando a ciertas personas (normalmente, de tu círculo más cercano) y queriendo ser como ellos, porque es parte de la adoración que les profesas. Y porque cada vez que hablas de ello, se llenan de orgullo por sentirse admirados y te dan unas palmaditas en la cabeza mientras en sus mentes, tu futuro está clarísimo, como la luz del día.
Sin embargo, el tiempo pasa, la vida cambia, creces... y las cosas dejan de ser así. Las figuras reverenciadas empiezan a tener algún que otro fallito que en tu adoración infantil no habías percibido y las pinceladas de la vida adulta hacen que la fantasía de ser una mini-copia de algún ídolo familiar o conocido empiece a resultarte poco atractiva.
Puede que estés en una edad en la que tengas opción de cambiar y te plantees las cosas de otra manera, o puede que la vida (como a mí me pasó) te "pase" por encima y sigas el curso de los acontecimientos sin rechistar, hasta que algo, o alguien, en algún momento, te haga pensar que tal vez exista algo más fuera de la fotografía que tu familia, conocidos, profesores, o la sociedad han creado para ti. Puede que para ellos sea perfecto que te conviertas en una gran doctora o abogada y ganes muchísimo dinero, tengas una bonita familia, una gran casa y lleves a tus niños a un buen colegio. Pero puede que no sea así para ti.
Puede que no quieras alguna parte (o todas las partes) de esa fantasía. Puede que no quieras ser abogada, sino diseñadora gráfica, o florista, o vete tú a saber qué. Puede que no quieras una familia donde pases tu tiempo en el trabajo mientras alguien cuida de tus hijos y no ves a tu pareja ni por casualidad. Puede que no quieras crear un estilo de vida que no quieres, para el que vas a tener que trabajar más horas de las que te gustaría, sólo para poder mantenerlo.
Cuando eres una niña, es complicado tener la capacidad de elegir tu camino. Hay otras personas que son las encargadas de decidir por ti, de alimentarte, vestirte, y escoger a qué colegio vas.
Cuando eres adulta, tú eres la dueña de tus decisiones, por más que a veces te justifiques pensando que no te queda otra que... (rellenar con lo que consideres que es una de esas causas de fuerza mayor ineludibles que te obligan a seguir en tu trabajo de mi*rda, aguantando a una pareja que ni te trata bien ni te conviene, y tratando de subsistir un día más) No digo que sea fácil plantearte un cambio en tu vida, grande o pequeño, y ponerte a ello, pero es evidente que tienes más capacidad de decisión, más medios y más opciones que cuando eres una niña.
Puede que te estés planteando que hay cosas en tu vida que no son como te gustaría. Puede que sea en una o varias áreas (o incluso puede que quieras un cambio radical, todo es posible), y puede que sea un pequeño cambio o uno grande el que necesites. Antes de tomar una decisión radical e irreversible, plantéate esto:
Qué te incomoda
Cuánto tiempo lleva incomodándote
Cómo podría incomodarte menos
Cómo podrías transformar la "incomodidad" en disfrute
Si quieres mantener esa situación o puedes prescindir perfectamente de ella.
Por ejemplo: Imagínate que estás harta de tu trabajo. Odias ir todos los días a un trabajo que no te gusta, donde consideras que te pagan menos de lo que mereces por todo el valor que aportas y todo lo que haces, con los compañeros no acabas de encajar y puede que incluso tengas algún superior inaguantable.
Puede que en alguna conversación con amigos, te plantees mandarlo todo a la porra y largarte de mochilera a Tailandia... pero luego piensas en lo que te queda por pagar del préstamo del coche, todo lo que debes de la tarjeta de crédito, el alquiler, las vacaciones para el verano,... y suspiras resignada pensando que no hay nada que hacer, tu vida es como es y la única solución es que te toque la lotería o algo parecido.
El precio de un sueño
¿Cuál es el precio de tu sueño? Pues depende del tamaño. El problema es que cuando nos encontramos en una situación que nos parece insoportable, solemos elegir la huida hacia adelante y sin pensar, y puede que nos compliquemos la vida aún más.
La clave está en tener paciencia y un poco de calma. Necesitas un plan, una estrategia, un plan de acción y un sistema de apoyo (tanto humano como material). Una vez que tengas todo eso, no te garantizo que tomar la decisión sea fácil ni que todo vaya a ir como la seda, pero las posibilidades de éxito aumentan bastante más así que tomando una decisión repentina, sin meditar y sin valorar las consecuencias de lo que ocurrirá después. Si quieres hacerte una idea de cómo funcionaría el proceso, échale un vistazo a nuestro Mapa del Cambio.
Y si estás lista para plantearte en serio un cambio, cuéntanos que necesitas. Estamos disponibles en hola@nocambies.com


